Los seres humanos tenemos actitudes que forman parte de nuestra vida diaria; en muchas ocasiones es tan habitual criticar, juzgar, valorar y etiquetar a las personas que son parte de nuestro entorno e incluso llegamos a hacerlo con nosotros mismos sin darnos cuenta.
Lo lamentable es que en la mayoría de las ocasiones hacemos estas valoraciones desde nuestras limitaciones y subjetividades sin llegar a un análisis, reflexión y revisión, con ello nos alejamos de los propósitos de la evaluación: mejorar, aplicar cambios y corregir; porque primero ponemos como única verdad lo que yo creo o lo que yo veo.
El tener la evaluación presente en nuestro actuar de manera constante nos permite tener un mejor desempeño a todos los actores que somos parte de la educación, pero lo ideal sería que todos formáramos parte de esa dinámica de manera constructiva; lo real es que sí se hace, pero sin objetividad, sin la firme intención de que la crítica lleve una sugerencia que ayude a mejorar. Es de suma importancia tener mucho cuidado con los juicios que emitimos, ya que en ocasiones se nos olvida que trabajamos con seres que sienten y que sin querer lastimamos o marcamos para toda la vida.
En cualquier lugar en donde seamos requeridos siempre se nos medirá por lo que somos capaces de hacer y serán parte nuestros alcances al tener éxito o limitaciones; para comenzar a tener un cambio en cuanto a la evaluación, se deben tener presentes algunos aspectos, tales como: establecer las metas y los criterios que voy a evaluar, tener presente que los juicios o criterios deben estar enfocado a la búsqueda de soluciones a problemas que se detecten, toma de decisiones adecuadas, desarrollar habilidades y actitudes metacognitivas, habilidades para las relaciones interpersonales y la colaboración, los trabajos y tareas deben estar contextualizados para que puedan ser aplicadas a un mundo real.
En conclusión considero que la evaluación debe ser un proceso muy cuidadoso, planeado, con propósitos bien definidos y con seguimiento, ser funcional y para ello requiere de procesos en los cuales se midan los avances o retrocesos de lo evaluado. Además de que sean tomados los aspectos cualitativos y cuantitativos nos permitan obtener un resultado más objetivo.
La evaluación ayuda a que la educación se vuelva integral cuando realmente respondemos a las necesidades de los niños, de ahí la importancia de un diagnóstico y que sea continua, basadas en las competencias y logros que se alcanzan a partir de las limitaciones.
Todos formamos parte de la evaluación, pero estar abiertos al diálogo y a la crítica nos daría las herramientas para lograr ser diferentes y mejores cada día.
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